Y él se culpaba. Sentía que había hecho todo mal, y que por su propia culpa ella había marchado. Pero él, él se equivocaba.
Ella marchó por que necesitaba volar. Buscaba su camino, y quería caminar sola. Probablemente con compañias esporádicas, experimentando y conociendose a si misma.
Él la valoró y la quiso como probablemente nadie más lo haría nunca. Pero ella no era capaz de verlo. Probablemente, aunque lo viera, no quería que así fuera. No le gustaba necesitar a nadie, o mejor dicho... la mayor de sus verdades era, que no le gustaba que nadie la necesitara.
Salió huyendo, rompiendo corazones, y con lagrimas que recorrian los rostros de ambos... abrasando sus mejillas. No quería mirar atrás por qué temía no poder continuar.
Sintió que lo echaría muchísimo de menos, que siempre quedaría un hueco para él en su modesto corazón. No se atrevió a mirarlo a la cara, sabía que si lo veía sufrir, sacrificaría su corazón y se quedaría junto a él...su gran amigo, no su gran amor.
Con una grave y sangrante herida en el corazón, él la dejo ir...pues tanto la quería...
Ella, nunca se perdonaría hacerle tanto daño a alguién, pero mucho menos, muchísimo menos a él.
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martes, 7 de septiembre de 2010
viernes, 16 de enero de 2009
...ultima despedida...
Hacía una semana que él me dejó. Me confesó que hacía tiempo que era infiel, claro que me dolió, pero a pesar de eso...estaba dispuesta a perdonarle. a perdonarle y a recuperarle. Aquella llamada solo podía significar su redención... estaba eufórica.
Faltaban solo minutos para que volviera, para que me diera una explicación, para que la aceptara, para que fingiera que seguía dolida, para que siguiera fingiendo por unos minutos que me lo pensaba, para verle sufrir (solo un pokito) ante mis dudas...
Mientras cavilaba sobre como sería, vi su coche aparcado en la acera y el bajando del mismo. Con su trote gracioso se dirigía hacia la casa. no hizo falta que llamara al timbre, pues yo estaba en el porche esperandolo.
Tran minutos, quizas horas, de larga conversación todas mis cavilaciones...se perdieron en un abismo de dolor. Tras años de una intensa, al menos para mi, relación habían cambiado a aquel chico... no era el mismo de siempre. Mis ojos como platos y mi corazón inundado, mi mente perdida. ¿Había dicho que se marchaba? y lo peor de todo ¿con ella?... "crack" sonó mi joven corazón rompiendose. El joven con el que había pasado mi adolescencia y parte de mi juventud, era otra persona. Nunca viajaba antes. Y ahora...se iba a Philadelphia??...con ella. Nunca me había querido, era una de mis conclusiones, y la más dura.
Cuando terminó de contarmelo todo, sin que yo dijera ninguna palabra, me pidió opinión. Todavía mis ojos no estaban inundados pero mi voz se había fugado, estaba dando gritos de dolor en alguna otra parte del mundo. Me pidió opinión.
- Hace una semana...- susurre, como si me hubieran clavado un puñal en la garganta que me impedia hablar. Y le mire con ojos llenos de dolor. Nos encontrabamos en el interior, en la cocina, con sendas tazas de café.
-Lo se, pero necesitaba tu beneplacito para hacer esto...-dijo con una mirada esperanzada, alzando mi barbilla hacia sus ojos oscuros.- yo te quiero mucho.
-No...no necesitas mi beneplacito...y no, tampoco me quieres.-conteste llena de dolor, apartando mi rostro del suyo.
-¡Claro que si!- gruño sorprendido y dolido.
- Si me quisieras...¡no me estarías haciendo este daño!- mi voz había vuelto para gritar en mi garganta.
-Pero, te estoy demostrando que es cierto. Te estoy demostrando que eres necesaría en mi vida.- dijo mirandome.
-Mis heridas estan en carne viva... ¡y tu arrojas sal!...-recordé que tenía que respirar y dejar de temblar, el dolor se había convertido en rabia- Sal de mi casa...vete- por fin me calme un poco- por favor.
- Escuchame...-contestó agarrando mis muñecas.
-No, nunca más. No quiero saber nada más de ti. vete. ya. a philadelphia o a donde quieras. Y por mi...-cojí aire y le miré a los ojos con ira.- no vuelvas.
Se levantó y se dirigió a la puerta. Se giró para decirme algo y como si le leyera la mente, le dije.
-No, el que no lo entiendes eres tu.- se quedó mirandome sorprendido.- Para mi tu eras...tu eras TODO y para ti...yo nunca he sido nada...esto es lo que ocurre cuando una persona descubre algo así.-Dije señalando mi cara descompuesta. Mi voz se había vuelto a marchar a chillar a algun otro lugar...y solo quedaban susurros.-Solo te pido que no me hagas mas daño.- La arrepentida ahora era yo. había sido dura.- se feliz. - Se acercó con las manos extendidas como si fuera a abrazarme. Alcé una mano para detenerle y sin mirarle dije.- y dejame serlo a mi.- Las lágrimas inundaban mis ojos amenazando con desbordarse.
-Adios.- dijo cruzando hacía la puerta.- Lo siento.- me pareció oir, pero fue como un susurro de la brisa, suave y lejano.
Un rato despues llegó mi compañera de piso, un rato que debieron de ser horas en las que permanecí quieta, con la taza de cafe en las manos. mirando al vacio.
Faltaban solo minutos para que volviera, para que me diera una explicación, para que la aceptara, para que fingiera que seguía dolida, para que siguiera fingiendo por unos minutos que me lo pensaba, para verle sufrir (solo un pokito) ante mis dudas...
Mientras cavilaba sobre como sería, vi su coche aparcado en la acera y el bajando del mismo. Con su trote gracioso se dirigía hacia la casa. no hizo falta que llamara al timbre, pues yo estaba en el porche esperandolo.
Tran minutos, quizas horas, de larga conversación todas mis cavilaciones...se perdieron en un abismo de dolor. Tras años de una intensa, al menos para mi, relación habían cambiado a aquel chico... no era el mismo de siempre. Mis ojos como platos y mi corazón inundado, mi mente perdida. ¿Había dicho que se marchaba? y lo peor de todo ¿con ella?... "crack" sonó mi joven corazón rompiendose. El joven con el que había pasado mi adolescencia y parte de mi juventud, era otra persona. Nunca viajaba antes. Y ahora...se iba a Philadelphia??...con ella. Nunca me había querido, era una de mis conclusiones, y la más dura.
Cuando terminó de contarmelo todo, sin que yo dijera ninguna palabra, me pidió opinión. Todavía mis ojos no estaban inundados pero mi voz se había fugado, estaba dando gritos de dolor en alguna otra parte del mundo. Me pidió opinión.
- Hace una semana...- susurre, como si me hubieran clavado un puñal en la garganta que me impedia hablar. Y le mire con ojos llenos de dolor. Nos encontrabamos en el interior, en la cocina, con sendas tazas de café.
-Lo se, pero necesitaba tu beneplacito para hacer esto...-dijo con una mirada esperanzada, alzando mi barbilla hacia sus ojos oscuros.- yo te quiero mucho.
-No...no necesitas mi beneplacito...y no, tampoco me quieres.-conteste llena de dolor, apartando mi rostro del suyo.
-¡Claro que si!- gruño sorprendido y dolido.
- Si me quisieras...¡no me estarías haciendo este daño!- mi voz había vuelto para gritar en mi garganta.
-Pero, te estoy demostrando que es cierto. Te estoy demostrando que eres necesaría en mi vida.- dijo mirandome.
-Mis heridas estan en carne viva... ¡y tu arrojas sal!...-recordé que tenía que respirar y dejar de temblar, el dolor se había convertido en rabia- Sal de mi casa...vete- por fin me calme un poco- por favor.
- Escuchame...-contestó agarrando mis muñecas.
-No, nunca más. No quiero saber nada más de ti. vete. ya. a philadelphia o a donde quieras. Y por mi...-cojí aire y le miré a los ojos con ira.- no vuelvas.
Se levantó y se dirigió a la puerta. Se giró para decirme algo y como si le leyera la mente, le dije.
-No, el que no lo entiendes eres tu.- se quedó mirandome sorprendido.- Para mi tu eras...tu eras TODO y para ti...yo nunca he sido nada...esto es lo que ocurre cuando una persona descubre algo así.-Dije señalando mi cara descompuesta. Mi voz se había vuelto a marchar a chillar a algun otro lugar...y solo quedaban susurros.-Solo te pido que no me hagas mas daño.- La arrepentida ahora era yo. había sido dura.- se feliz. - Se acercó con las manos extendidas como si fuera a abrazarme. Alcé una mano para detenerle y sin mirarle dije.- y dejame serlo a mi.- Las lágrimas inundaban mis ojos amenazando con desbordarse.
-Adios.- dijo cruzando hacía la puerta.- Lo siento.- me pareció oir, pero fue como un susurro de la brisa, suave y lejano.
Un rato despues llegó mi compañera de piso, un rato que debieron de ser horas en las que permanecí quieta, con la taza de cafe en las manos. mirando al vacio.
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